Tania Chávez, 25 años

El día de hoy tengo muchos sentimientos encontrados, pues hace un año yo no lograba dimensionar la gravedad de la situación hasta que por diversos motivos llegué al Rebsamen, en el justo momento en el que me bajé del auto de quienes me dieron un "ride" para acercarme a casa la gente solicitaba gritando personal médico, y al decirme que habían niños atrapados no me negué a ir, éramos sólo 7 personas con sábanas en el suelo, preparando nuestras "estaciones" de atención inmediata con lo poco que nos podían proporcionar de materiales, pero nadie nos preparó para lo que vimos y vivimos, de los que éramos en un inicio, sólo nos quedamos dos a trabajar en el área negra del reconocimiento de cuerpos. Mis esperanzas disminuían al ir recibiendo uno tras otro de cada uno de los cuerpos tanto de los niños como de los adultos, revisarlos y establecer los rasgos físicos que nos permitirían darles un nombre, y fue aún más difícil tener que reunir a los familiares y dar las noticias, acompañarlos en su dolor y explicar el procedimiento legal a seguir.

La tarde se hizo noche y el panorama seguía empeorando, no podía comunicarme con mi familia ni hacerles saber que yo estaba bien, y esa misma noche al regresar a casa abracé a toda mi familia como nunca lo había hecho en mi vida, esa noche no pude dormir, al día siguiente me salí temprano de casa y regrese a esa escuela a seguir apoyando en lo que se pudiera.

Hoy me encuentro frente a frente con los recuerdos, he llorado lo que no pude esos días y me he prometido no rendirme, así como no me rendí para reunir de nuevo a esas familias.

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